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Contagio: ‘A medida que se expande el miedo, se expande la sumisión’

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Por Movimiento Político De Resistencia

En plena paranoia por el coronavirus, a Movistar se le ocurrió reprogramar la película “Contagio”, producida en 2012, muy pocos meses después de otra “gran crisis” epidemiológica: la del virus H1N1, del que ya nadie se acuerda.

No hay más que encender el ordenador o la televisión para darse cuenta de que en el mundo actual se está haciendo imposible discernir la realidad de la ficción, así que quien siga estas líneas no sabrá si hablamos de una película de Hollywood o de ese virus de rabiosa actualidad que asola a la humanidad ahora mismito.

Desde hace unos días lo han rebautizado Covid-19 porque es un nombre que mete más miedo que “coronavirus”, un término que se parece demasiado a una marca de cerveza o a “corinavirus”, que es otro microbio de rabiosa actualidad que alcanza a la Casa Real. Los “expertos de bata blanca” tienen que lograr por todos los medios que no seamos capaces de entender absolutamente nada

Empecemos por ahí: en realidad, nosotros no necesitamos saber nada; debemos limitarnos a obedecer las órdenes de los que saben, de los entendidos, los expertos y la autoridad establecida. Ese es el mensaje final de la película, de la televisión y de las tertulias: Usted se calla la boca, no haga preguntas y siga las instrucciones que le dicten. Es por su bien.

En la Guerra Fría las escuelas de Estados Unidos enseñaban a los niños lo que debían hacer en cuanto los malvados comunistas empezaran a lanzar bombas nucleares sobre sus cabezas: debían agacharse bajo el pupitre para evitar que el techo del aula les cayera encima. Por su propio bien.

Los médicos, los microbiólogos y la OMS también se esfuerzan por preservar la salud de la humanidad y por eso aconsejan lo que todos debemos hacer. Desinteresadamente. En nombre de la “ciencia” y por nuestro propio bien.

Ustedes deben entender que vivimos en un mundo lleno de peligros y que cuando no es el cambio climático, es una plaga. Todo lo demás (la crisis económica, la precariedad, los desahucios) es consecuencia de esas catástrofes “naturales”.

Las escuelas, las películas y las televisiones nos enseñan en quién debemos confiar y en quién debemos desconfiar (porque propagan noticias falsas, porque no son expertos, porque no tienen titulación académica).

Los expertos y la autoridad son una y la misma cosa o, por lo menos, funcionan de manera sincronizada. Hoy ningún gobierno del mundo haría nada que no tuviera un respaldo “científico”. Da lo mismo que gobierne un partido u otro; todos harían lo mismo: lo que digan los “expertos”. Por eso, en la película se acaba imponiendo la ley marcial, o sea, que los militares le dan una patada a los políticos y la Casa Blanca la okupa una bicefalia de expertos y militares.

El papel de ambos (militares y médicos) es el mismo: lo que quieren es salvar a los seres humanos de una muerte segura. Si los militares no matan, los médicos tampoco. ¿Qué se habían creído? Por lo tanto, para frenar una epidemia son necesarias ambas cosas: una vacuna y, además, la ley marcial, porque es posible que las masas desconfíen de la primera (el médico) y haya que recurrir a la segunda (la bayoneta).

Las vacunas las suministran por el bien de todos, pero siempre hay gente egoísta que sólo mira por sí misma. ¿No se dan cuenta de que pueden contagiar a los demás, al mundo entero?

Además del miedo, el cine catastrofista tiene por objeto acostumbrar a millones de personas del mundo entero al sufrimiento y la angustia. Ustedes creen que viven una vida cómoda al abrigo de toda clase de peligros, pero se equivocan. Vivimos en un planeta lleno de riesgos.

En 2009, tras meses de noticias aterradoras, cuando el pánico se calmó, acusaron a la OMS de alarmismo y, sobre todo, de estar manejada por la farmafia, las grandes multinacionales farmacéuticas. El escándalo salpicó a los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades contagiosas) de Estados Unidos, que fue uno de los organismos que financió la película.

Los CDC son quienes imponen al mundo el canon en materia epidemiológica y, a pesar de su nombre, fueron creados por… la Marina de Guerra de Estados Unidos. Sus médicos tienen graduación militar: son capitanes de corbeta, almirantes, contramaestres… Son el mejor ejemplo de que no hay mucha diferencia entre unos (curanderos) y otros (chusqueros).

Sí señores. Como bien dice el lema de la película “Nothing spreads like fear“ (Nada se expande más que el miedo). Es algo de lo que se encargan, al alimón, los “expertos”, las autoridades y los periodistas. Nuestro lema es un poco diferente: “A medida que se expande el miedo, se expande la sumisión”.

Cuando se acabe la crisis del Covid-19 (o como se llame) y respiremos aliviados, la crisis capitalista nos parecerá mucho más llevadera. Nos habrán despedido de nuestro trabajo pero, al menos, gozaremos de buena salud (o eso creeremos).

https://kaosenlared.net/contagio-a-medida-que-se-expande-el-miedo-se-expande-la-sumision/

Las paranoias del coronapollas.

Escrito por Luys Coleto

Vivimos a golpes de paranoias sociales. Género, inmigración, clima. Las tres cerditas del paranoico Sistema. También decisivas, paranoias clínicas. La última, en nuestra época de demente y letal hipermedicalización, la puta y delirante psicosis de masas del coñazovirus. Las paranoias sociales, míticos epifenómenos (bio)políticos, devienen brutal e irracional pánico que se extienden como una mancha de crudo en el mar, envolviéndolo todo a su paso. Creando naciones inmunodeficientes, devastan el razonable cavilar.

Milongas pandémicas

El mundo en alerta ante una pandemia que puede provocar millones de infectados y cadáveres si no se reacciona e interrumpe a tiempo. Miedo, control: concomitancia. Idénticos procederes durante la denominada Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob que llevó a la inmolación masiva de millones de vacas. Agreguemos otros recientes. El Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SRAS). Gripe aviar. Gripe porcina. Gripe A atribuida al virus H1N1. Virus del ébola. El MERS. O la estafa más acojonante, casi antier, el Zika.

Se reaccionará como siempre. Colocando inmensas cuantías de pasta al servicio y disfrute de quienes pueden salvarnos de tan atroz peligro. Nuestros salvadores, somos tan poca cosa. Y nuestros acríticos gallifantes, matasanos y perrodistas, vuelta a morder el anzuelo. Ahora con el COVID-19, ridículos acrónimos.

El negocio del poder

Esta nueva y falaz alarma sanitaria internacional va a enriquecer, todavía más, a mafiosas compañías farmacéuticas a costa de la salud y la vida de millones de personas. El fastuoso negocio de las, como poco, discutibles vacunas. Y va a conceder más macizo, narcótico y envilecedor poder al Dios Estado. Más control social y mental. Más dependencia de Él, más esclavos.

Todo esto es dable porque las agencias internacionales que se supone cuidan la salud de la ciudadanía, los gobiernos, los colegios médicos, las asociaciones científicas y los medios de comunicación parecen, en el mejor de los casos, incapaces de contrastar los datos e informaciones que les llegan y ver si cuentan con genuino rigor científico. En el peor, los leviatanescos Entes antecitados, acrisolados epítomes de la corrupción y el terror moral.

Libertad o esclavitud

Dos opciones. Hombres libres o permitir que nos sigan tomando por candorosas y sacrificables ratas de laboratorio. En fin.

https://www.elcorreodemadrid.com/salud/325346052/Las-paranoias-del-coronapollas-Por-Luys-Coleto.html

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