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Demagogia, hablar de mejoras salariales

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Escrito por  Guillermo Fabela Quiñones

Especialistas de la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco y de la Iberoamericana a través de su Observatorio del Salario campus Puebla, coincidieron en afirmar que el salario mínimo establecido en México sólo ha empobrecido a la población y agravado la desigualdad. Aseguraron que la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CNSM) entró en una fase de “agotamiento y obsolescencia” por su subordinación al Poder Ejecutivo.

La ex senadora y ahora investigadora de la UAM, Rosa Albina Garavito, propuso crear un instituto de los salarios mínimos, productividad y reparto de utilidades, como organismo descentralizado y autónomo. El secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete Prida, reconoció que la primera medida que se debe tomar en este renglón, “es desvincular al salario mínimo de todas las unidades económicas, lo cual lo hace altamente inflacionario”. Lo que urge hacerle entender a la gente cómo es que los altísimos salarios de las élites empresarial y de la clase política no son inflacionarios.

En la Secretaría del Trabajo, representantes de los sectores obrero, patronal y del gobierno federal, acordaron luego de una larga reunión llevar a cabo “una discusión seria y responsable sobre un incremento a los ingresos de los trabajadores y en particular al salario mínimo”. La parte patronal insistió en que se debe “considerar necesariamente el aumento de la productividad y desvincular al salario mínimo como unidad de cuenta y referencia”. Descartó la posibilidad de otorgar aumentos de emergencia, por decreto, que se aplicaron en gobiernos anteriores, al considerar que las consecuencias fueron adversas.

En otro ámbito, el economista en jefe para América Latina y el Caribe del Banco Mundial, Augusto de la Torre, dijo que un aumento excesivo a los mínimos “podría elevar la informalidad, reducir el empleo y generar distorsiones en las empresas”. Lo que no explicó es por qué antes de que se estableciera la política actual de salarios mínimos en México, las tasas de crecimiento del PIB no bajaban de 6 por ciento anual en promedio.

Bajaron los salarios reales de los trabajadores, pero como corolario descendió su poder adquisitivo, lo que frenó el crecimiento del mercado interno y se generó un círculo vicioso que ahora empieza a preocupar a los capitostes de la oligarquía. Sin embargo, no cabe esperar un incremento sustantivo al salario mínimo, menos ahora que se promulgaron las leyes secundarias de la reforma energética que atarán aún más la economía de México a los avatares de la estadounidense. Los bajos salarios en México siguen siendo un gancho muy atractivo para los inversionistas, y más lo será en esta etapa de despegue de un proceso privatizador que abrirá expectativas de empleo con salarios que permitan altos niveles de plusvalía, “si no que chiste”, como diría cualquier nuevo inversionista.

Mientras no cambie el modelo neoliberal, hay que decirlo cuantas veces sea necesario, las cosas en el país seguirán igual, aunque empeorando cada día. Es fácil asegurarlo, porque quienes se benefician con el actual estado de cosas están en el poder, y las reformas estructurales fueron promulgadas para garantizar más beneficios a esa minoría que usufructúa la riqueza del país. Todo está orientado en esa dirección, si no para qué la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) iba a avalar el derecho de los servidores públicos a mantener bajo reserva la publicación de sus declaraciones patrimoniales, medida contraria a la Ley de Transparencia y Rendición de Cuentas aprobada en la actual legislatura.

Desgraciadamente, las clases mayoritarias seguirán pagando los costos de la acumulación de la riqueza por parte de monopolios sin ningún compromiso con la nación. Lo dijo muy claro el embajador de Estados Unidos, Anthony Wayne: “Estamos muy contentos, apoyaremos las reformas y trabajaremos juntos en el futuro para mejorar la competitividad en América del Norte”. Nos ven en la Casa Blanca como una porción más de su vasto territorio, no como un país soberano unido a Latinoamérica por razones históricas y culturales. Así lo ha permitido la clase política, por lo que no debemos culpar al gobierno estadounidense. Este ha sabido aprovechar la total falta de patriotismo del grupo en el poder, la voracidad de una oligarquía insaciable, así que sería ilusorio pensar que los trabajadores van a mejorar sus niveles salariales. Decirlo es demagogia para distraer y seguir creando falsas expectativas.

http://www.enlacemexico.info/index.php/actualidad/la-vuelta-e-u/479-demagogia-hablar-de-mejoras-salariales

 

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