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Democracia sin partidos es verdadera democracia

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José Guillermo Muñoz Izquierdo 

La notable experiencia sucedida durante las elecciones del día 7 del pasado mes de junio, que causó regocijo en la mayor parte de los mexicanos, que vieron que el partido político oficial, ya no es la invencible “aplanadora” que en tiempos no muy lejanos llamó la atención de naciones de diversas partes del mundo que, más de una, mandaron a México miembros de alguno de sus partidos para que averiguaran el secreto de su permanencia tan prolongada en el poder. Ignoro si obtuvieron lo que con sumo interés buscaron, pero el secreto, me parece, que es el engaño que durante tantos años y con mucha labia y compra de los votos, con dinero o regalos de diferentes objetos, incitaban a los votantes a que emitieran su sufragio en favor de los candidatos priistas, que una vez en el poder se olvidaban de que el pueblo se hundía en el pantano de la pobreza, la ignorancia, la pérdida de la educación moral, del civismo, del amor a la patria y la carencia de anhelos de mejoría en todos los sentidos, excepto en la envidia y avaricia del dinero, espoleados por la tormenta de las promociones de artículos de diversa índole, en todos los medios de difusión según los avances de la tecnología, desde el periódico hasta la televisión, el Internet y cuanta cosa hay para hacerlo en la actualidad. ¿O sería intencional?

Como los gobiernos de la Federación (el rey) y los estados (los virreyes) no se preocuparon mayormente por impulsar el desarrollo del país, los municipios siempre quedaron relegados de las participaciones del gobierno federal y las de los estados, por lo cual casi nada podían hacer por los avecindados en ellos. Al terminar la Revolución tal vez hubiera sido comprensible por el destrozo causado en toda la República, pero la recuperación no tardó mucho en irse logrando, mas el pueblo, las clases sociales medias y los pobres y los menesterosos, no fueron ayudados en forma significativa; por el contrario, la clase media casi desapareció y los pobres y menesterosos aumentaron. Pero los gobiernos emanados del PRI siguieron su curso sin que el país mejorara, a pesar de la extracción del petróleo y los demás recursos naturales, más los impuestos y contribuciones que fueron engrosando el presupuesto federal hasta llegar a ser suficiente para que renazca la clase media que, históricamente y a nivel mundial, es la que proporciona los mejores ciudadanos. Y que se erradiquen la pobreza, la mendicidad, los franeleros, los niños de la calle y las colonias paupérrimas y hasta las persistentes escuelas de palitos, que no se han querido erradicar; la carencia de medicinas en los hospitales y en los organismos de atención social, como el IMMS y el ISSSTE y el repudiable trato de la burocracia. Y no se hubiera llegado al nivel de la lastimosa educación que se imparte en el sistema oficial y en la capacitación de los aspirantes a ser mentores de la niñez y la juventud en las fatídicas Normales, etcétera. En síntesis: del PRI han provenido gobiernos que parecen ser de dos alternativas: o gravemente enfermos de menoridea, es decir, sin la menor idea de lo que es gobernar, o de los más perversos de la sociedad existente, a quienes les importa un cacahuate podrido lo que pase en nuestra lastimada patria, mientras ellos gastan muchos litros de saliva para engañar y sojuzgar a los mexicanos, fáciles de dominar por la ignorancia, poca y mala cultura y educación y la angustia de “¿qué comeremos mañana?”.

Es urgente que los mexicanos y mexicanas, todos, excepto los apátridas que no tienen patria ni matria, y que únicamente tienen ojos, oídos y voluntad para abusar del poder y las riquezas de la nación, pero que no son mayoría.

Pugnemos por continuar con lo iniciado el ya famoso día: 7 de junio de 2015. Empezando con la técnica de la piedra que cae en un estanque de agua tranquila, que va formando círculo tras círculo hasta alcanzar las orillas. Así haremos la tarea de animar a todos los que nos quieran escuchar para buscar tener, dentro de tres años, un presidente de la República y gobernadores de los estados, municipios y legisladores ajenos a los partidos políticos, que no son sino simples alborotadores de las masas humanas, a fin de que la ciudadanía no tenga más compromiso que votar por los candidatos que más saliva y dinero tienen para embaucar al pueblo. Vea por qué:

¿Recuerdan lo que les conté sobre la distribución del cuarto de billón de pesos que se repartiera entre cada mexicano? Pues no es necesario tanto dinero para vivir con dignidad humana: si ahora ya somos 112 millones de habitantes, el presidente Enrique Peña Nieto, si se lo propusiera y se lo permitieran los que mandan detrás del trono, podría erradicar la miseria y la pobreza y dar una casa buena, amueblada y bien construida por verdaderos profesionales del ramo, a cada familia pobre, con una pensión mensual holgada para sus necesidades, mientras se les da, a breve plazo, un trabajo que debe aparecer por las gestiones y actividades de los gobiernos y demás poderes. Y que las colonias se ubiquen en un área bien urbanizada y con todos los servicios y hasta un automóvil y muchas cosas más, con sólo un puñado de unos cientos de millones de pesos obtenibles de una deducción equitativa a las secretarías que más reciben, presupuestalmente, cada año, pero que no se alcanza a ver y conocer su obra. Así, con diez millones de pesos por familia, hagamos una multiplicación del último censo de viviendas calculadas para el año 2015: 30.2 millones de viviendas estimadas, pero que no se indica si están incluidas las colonias de cartón y retazos de madera, por lo cual estimemos otro tanto de buenos hogares, no criaderos de palomas como algunas que se han hecho; 30 millones y vamos a la simple aritmética: 30 millones de casas por diez millones de pesos cada uno, es igual a 300 millones de pesos, que vienen a ser una bicoca para el presupuesto nacional, que ya asciende a un poco más de tres billones de devaluados pesos (15.53 por un dólar). En los tiempos del presidente, general don Porfirio Díaz Mori, que fue héroe de muchas batallas por la patria y menciono sólo una: la Batalla de La Carbonera, en Puebla, que fue el declive del imperio de Maximiliano de Habsburgo. Cuando don Porfirio fue el presidente de la República, el peso mexicano estuvo a la par con el dólar; es decir, dos pesos por un dólar, e introdujo a México los ferrocarriles nacionales. Pero un presidente emanado del PRI, Ernesto Zedillo, los vendió al extranjero y también nos quitó el horario marcado por el Sol dizque para ahorrar dinero, ¿para quién?, porque no para el pueblo. Piense usted lo que hemos estado soportando y lo que no se sabe de cada uno de los presidentes que ha tenido México, incluyendo los dos panistas que no supieron qué hacer con el poder.

Y todo por causa del partido oficial, por su obsesión de aprovecharse de México o porque no hay un remedio contra la menoridea y la perversidad, de los seres humanos, como la actitud de los democráticos mentores y los alumnos de las Escuelas Normales, que han puesto en jaque al gobierno federal y algunos de los estados. ¿O sí lo habrá?

http://www.cambiodemichoacan.com.mx/editorial-11819

 

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