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La frágil y escurridiza libertad

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 by Escuela de Salud 

La libertad no se pide, se conquista y se conserva cada día. La libertad no puede depender de que alguien tenga a bien concedértela.

Lo primero es no dejarse arrebatar la dignidad, pues no puedes hacer valer tu libertad a quienes te han perdido el respeto. Si te quitan tus derechos y lo consientes, has pasado a ser un siervo del señor feudal que detenta el poder en cada momento. Luego no debes quejarte cuando amplíe el derecho de pernada también para los varones.

Suele llegar un momento en la vida en el que las personas se ven obligadas a elegir entre la libertad y la seguridad. Normalmente suelen escoger la segunda, y en ese acto pierden las dos.

Una persona libre debe procurar tener cubiertos sus imperativos vitales: comida, techo y abrigo. La comida sana es muy fácil de conseguir. De techo sirve cualquiera que no tenga goteras. Y como abrigo siempre se pueden coger unas mantas de las que dan a los inmigrantes y las tiran porque tienen calor. O sea, que para cubrir las necesidades básicas no hace falta robar el Banco de España.

Tener cubiertos los imperativos vitales es importante, para que nunca unas circunstancias adversas te obliguen a renunciar a tu libertad o tu dignidad para conseguir un trozo de pan.

Para ser libre de verdad no se puede depender de nada ni de nadie:

-No se puede depender de la familia o amigos para vivir. A los familiares y amigos hay que decirles siempre las verdades a la cara, si les mientes es como traicionar la amistad. Pero si vives de ellos no puedes decir lo que piensas, lo cual sería una doble indignidad.

-No hay que vivir a expensas de que un empresario te dé trabajo, que el gobierno te pague el paro o el banco te reembolse tu fondo de pensiones. Son riesgos de contrapartida que no se pueden controlar y que te pueden arruinar la vida.

-Un adicto a algo no puede ser una persona libre. Si necesitas alguna droga, legal o ilegal, ya no eres libre. Si eres adicto a que los amigos te rían las gracias o te hagan la pelota, ya no eres libre, pues no podrás decirles lo que piensas ni hacer lo que te apetezca para no perderlos.

Si tienes creencias ya no eres libre:

-Si crees en alguno de los dioses, tendrás que cumplir sus mandamientos, aunque sean absurdos, hayan caducado o estén repetidos. Tendrás que practicar unos rituales, aunque a esa hora te hubiera gustado más ir a jugar a la escampilla. Tendrás que obedecer a los representantes de ese Dios en la tierra, que suelen ser gente bastante hipócrita y corrupta. O sea, que habrás perdido tu libertad.

-Si eres creyente de la religión de las batas blancas, que es la única religión que ahora sale en todos los canales de TV casi todos los días, perderás tu libertad por completo. Te tendrán atemorizado con los nuevos virus que se ponen de moda cada temporada, y cada vez dirán que van a morir todos varias veces si no van corriendo a comprar el bálsamo de Fierabrás que acaban de fabricar. Te empujarán a hacerte chequeos a menudo, para poder endilgarte luego falsos diagnósticos, para los que te recetarán potentes tóxicos, cuyos efectos secundarios serán indistinguibles de los síntomas de la enfermedad que se han inventado. Pero, lo peor será que te habrán convencido de que los tratamientos carísimos que son los únicos que pueden salvar tu vida, no están al alcance de los pobres. Por tanto, si quieres sobrevivir no te queda más remedio que arruinar tu salud trabajando 12 horas diarias en negocios inmorales e insalubres, para así amasar una gran suma de dinero y ser uno de los privilegiados a los que los matasanos de alto copete despluman antes de rematarlos. Resumen: arruinarás tu salud para ganar suficiente dinero, pero luego con todo ese dinero no podrás recuperar la salud perdida.

-Si la fe la depositas en los políticos, te recomiendo que tengas mucha fe, mucha esperanza y mucha caridad. Mucha fe para poder tragar las mentiras infumables que sueltan. Mucha esperanza para estar décadas esperando a que cumplan alguna promesa. Y mucha caridad para pagar impuestos confiscatorios y perdonarles luego cuando te enteres que se los han gastado visitando a señoritas de vida alegre. Cuando te hablen como si fueras retrasado mental, entenderás que tienen motivos de peso para tratarte así. La última brillante idea del desgobierno que padecemos es convertir en delito de odio la mayoría de las cosas que pienso. Tengo libertad de expresión, pero sólo para lo que ellos consideren correcto. Esto me recuerda que en Alemania hay una anciana de 90 años en la cárcel por tener una opinión diferente sobre el Holocausto. ¡Viva la libertad de expresión!

-En los últimos años se ha extendido una religión para ateos, que es incluso más intolerante y más asfixiante que las religiones antiguas. Se trata del “pensamiento políticamente correcto”. Hay que aceptar los dictados de los sacerdotes del calenta-miento global. Hay que utilizar lenguaje inclusivo: la mitad de las palabras del idioma son ofensivas y hay que cambiarlas por otras más cursis. Se debe mostrar respeto y hacer una genuflexión ante las pretensiones inconstitucionales del grupo de presión feminista. Las personas honestas deben sentirse culpables por haber discriminado durante siglos al colectivo LGTBI…xyz. Hay que derribar todas las fronteras y muros, menos los del chalet de los marqueses de Galapagar. Los venenos carísimos de la Farmafia deben ser gratuitos para cualquier habitante del mundo que pase por aquí cerca, con cargo al aumento de la impagable deuda de España. Conclusión: la nueva religión es inmoral, discriminatoria, injusta, represiva, totalitaria y, lo que es peor, insostenible.

Para ser libre hay que ser impermeable a las ofensas:

Te levantas por la mañana cuando has dormido bastante. Te tomas una gloriosa jarra con asa de zumo de granada y mandarina. Tomas la decisión libremente de ir a caminar. Al salir de tu casa alguien te insulta y te monta una bronca. Si te enzarzas en una discusión e intentas demostrar que tienes razón, acabas de perder tu libertad, pues tu libre decisión era ir a andar henchido de felicidad mientras tu espíritu se arrobaba con el vuelo de las aves que surcaban el límpido firmamento. Por tanto, para conservar tu libertad sólo te queda una salida: decirle al que te ha insultado que le deseas que pase un feliz día, y continuar felizmente con tu paseo.

Si al continuar el paseo sigues dándole vueltas a lo que te ha dicho el insultante, y vas pensando la manera de demostrarle que no tiene razón, es que no estás libre de la influencia de la opinión de los demás. Una cosa es tener razón (algo recomendable), y otra muy distinta querer que te den la razón (algo absurdo y demencial). Si el primer tonto con el que te cruzas y no te da la razón te arruina el día, ni demuestras ser libre ni vas a ser feliz nunca, pues cada minuto nace un tonto y si volaran cubrirían el sol.

Al único que debes permitir que te juzgue u opine sobre tus actos es a ti mismo. Pues tú eres el único que conoce con certeza absoluta la intención que tenías en cada uno de tus actos, por ello puedes juzgar si lo hiciste con buena o mala intención. La opinión de los demás no importa, pues no disponen de suficientes datos relevantes para poder juzgarte.

Que una acción sea moral o inmoral sólo depende de la intención con la que se hace. Por ejemplo: si veo que cae una teja del tejado, empujo al que tengo delante porque veo que le va a caer en la cabeza, pero al empujarlo se cae y se rompe una pierna, lo que he hecho es una buena acción, y el único que puede saber mi intención de salvar al otro soy yo, nadie más. Si cuando el otro consigue levantarse ya no está la teja en el suelo, porque ha pasado alguien y se la ha llevado para su tejado, puede pensar que lo he empujado con la intención de hacerle daño, pero yo siempre sabré que he hecho lo correcto, aunque el otro me insulte cada vez que me cruce con él.

A los tontos la libertad les dura poco:

Para ser libre hay que saber razonar con lógica. Saber que todo lo que te cuentan es mentira, y que si se mezcla alguna verdad es que ha sido usada como cebo. Hay que conocer los defectos propios mejor que los de los demás, y procurar que tus defectos no te arruinen la vida. Saber que la mayoría siempre actuará movida por sus múltiples defectos, tomando las decisiones que menos les convienen.

No hay que asumir las obligaciones de otros. Si alguien tiene próstata, yo le puedo dar el consejo de que se tome un litro de zumo de mandarinas al día, pero comprar las mandarinas y hacerse el zumo lo debe hacer él. Además de no hacer su trabajo, no debo esperar que haga lo que le he dicho, ni que lo agradezca, ni que obtenga resultados. Todos esos temas ya no son de mi incumbencia. Si hipoteco mi libertad con los millones de problemas de la gente que vive de manera inmoral, ya no tendré tiempo de ir a pasear, y eso sí que sería inmoral.

Cada acción produce unas consecuencias, que pueden ser buenas o malas. Si alguien enferma debido a su vida incorrecta, mi obligación moral es aconsejarle que haga una vida sana, pero ahí termina mi deber. Sería inmoral que yo tuviera que esforzarme o sufrir las consecuencias producidas por los actos de otra persona. Las consecuencias de cada acto son personales e intransferibles. Eso marca la diferencia entre ayudar a un ignorante dándole un consejo o perder la libertad haciéndole cataplasmas.

Hay que tener en cuenta que cada persona tiene la obligación ineludible de ser feliz, si no lo consigue está malversando su vida, lo cual se puede considerar un acto inmoral. Las miserias humanas no deben menoscabar la felicidad personal, pues siempre hay que tener presente el lema de este blog: nadie puede impedir que los ignorantes sufran. Así pues, disgustarse ante lo inevitable es una soberana estupidez.

“Ayuda a tus semejantes a levantar su carga,
pero no te consideres obligado a llevársela”
Pitágoras

https://esdesalud.wordpress.com/2018/12/27/la-fragil-y-escurridiza-libertad/

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