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Germán Martínez, el despreciable estúpido y los panistas de la Vela Perpetua

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Juan Pérez Medina 

Y los diputados del PAN, con amor en el paradisiaco Puerto Vallarta, bailando por un sueño de millones de pesos del erario público a cambio de cometer alta traición. German Martínez Cázares, empeñoso panista neoconservador, que dirigió al PAN en los tiempos también aciagos de la hecatombe panista, digo empeñoso pero no para las causas comunes, sino todo lo contrario, pues es un millonario sexenal que salió de la dirección del PAN casi por la puerta de atrás, aunque hubiera sido lo mismo si lo hace por delante. El bisoño e ignorante Germancillo, en el momento de mayor regocijo ideológico, escupió por su nauseabunda garganta una estupidez que incluso supera su de por sí escasa estatura: “Cárdenas ha muerto”, tituló en el periódico Reforma, el lunes 4 de agosto 2014, para afirmar que la Reforma Energética “lo mató” y “ojalá su obra jamás resucite”.

El enano panista que perdió de manera estrepitosa las elecciones de 2009, donde su partido dejó la mayoría de la Cámara de Diputados y de gobernar cinco entidades se regodeó con la aprobación de la reforma petrolera que echó por tierra la expropiación decretada por Lázaro Cárdenas del Río en 1938, cuestión anhelada desde el nacimiento del PAN en 1939 y que hoy ven coronada con la traición del PRI y Peña Nieto. Llamando a este hecho una “verdadera hazaña” del “presidente Peña, pero también, y en gran medida, de la oposición socialmente útil del PAN”.

No podría entenderse la pacificación del país y su desarrollo posterior sin las acciones desarrolladas por el gobierno de Lázaro Cárdenas, que impulsó con verdadera convicción la justicia social en una nación pobre y subdesarrollada.

Lázaro Cárdenas, el amigo de los comunistas y Fidel Castro, como esta piltrafa humana lo llama, es, aunque no lo quiera y a pesar de sus exabruptos históricos y emocionales, un personaje de alta valía para los mexicanos, sobre todo para el pueblo de México para ser más exactos. Su triunfo pírrico en las Cámaras, con un grupo de diputados ambiciosos e ignorantes como él, no será para siempre y muy pronto el pueblo les cobrará con creces lo mal hecho en su nombre.

Se equivoca German Martínez. Lázaro está más vivo que nunca y debe saber que irredento encausará a los mexicanos como estandarte, en virtud a sus ideas y principios y, sobre todo, a su actuación pública a la recuperación de lo perdido y hacia nuevas conquistas sociales, en detrimento del mercado inhumano y desesperanzador.

El muerto es otro, pues nadie sabía de su existencia hasta que se puso a festejar sus triunfos perecederos. ¿Quién es Germán Martínez y quién es Lázaro Cárdenas del Río? Imposible intentar siquiera una mínima comparación. No hay manera entre la pequeñez estúpida y la grandeza histórica. Coincido con Jorge Alcocer cuando tipifica a esta piltrafa como “un ser despreciable”. Tan despreciable como los despreciables diputados panistas que a ritmo de “quebradita” se preparaban en Puerto Vallarta para realizar “la hazaña” de la que este mequetrefe nos habla. Los hemos visto. Los dueños de “la moral y las buenas costumbres” gastándose millones en bacanales, como viles mercenarios, que lo son y vaya que lo son. Estos son los héroes de Martínez Cázares, el amante del mercado, de su corrupción, su vileza y su creciente desigualdad.

No, no hay comparación entre un hecho y otro. Martínez Cázares se equivoca con su virulenta lengua larga: lo ocurrido en 1938 es, tal y como lo percibe todo el pueblo, un acto de valentía, de dignidad y de defensa de la soberanía nacional. Lo de hoy es no más que alta traición.

“La obra y memoria de Lázaro Cárdenas del Río es imperecedera. La estupidez de Germán Martínez también”.

http://www.cambiodemichoacan.com.mx/editorial.php?id=10318

 

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