Avisar de contenido inadecuado

Peña Nieto y el reforzamiento del Estado de Derecha

{
}

Mario Enzástiga 

Los días que actualmente vivimos en México, son sin duda alguna de extrema tensión social y política, por una parte de gran esperanza porque el incipiente y creciente despertar ciudadano sea el detonante y factor fundamental de los grandes cambios democráticos que nuestro país necesita, en beneficio de la mayoría de la población; por otra parte, de extrema preocupación por el eventual recrudecimiento de la represión gubernamental.

El círculo de la movilización social y represión del Estado mexicano encierran un conjunto de interrogantes y variables de incalculables consecuencias. Hay demasiadas evidencias para asegurar que padecemos un Estado fallido, pese a la falta de autocrítica y sensibilidad del gobierno federal, sirva mencionar como argumentos objetivos los feminicidios de Ciudad Juárez, las fosas clandestinas en muchas entidades del país, la cantidad de desaparecidos y asesinados a nivel nacional, casos de impunidad como el del incendio de la Guardería ABC de Hermosillo, la muerte de un niño por el impacto de un proyectil al amparo de la ley bala en Puebla, la corrupción en el caso de la casa blanca de la pareja presidencial y el pago de 17 millones de dólares de indemnización a las empresa chinas por la cancelación del tren rápido Ciudad de México-Querétaro, los asesinatos cometidos por el Ejército Mexicano en Tlatlaya, las seis personas asesinadas y los 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa levantados y desaparecidos por fuerzas del Estado en Iguala, Guerrero.

Este último caso es la gota que ha empezado el derrame del vaso, no sabemos si lo será en definitiva, ya hemos conocido en los años recientes movimientos sociales que nos han hecho pensar que el camino hacia los cambios profundos en México se ha iniciado, como el movimiento estudiantil #yo soy 132 y otros muchos movimientos en las regiones y localidades del país, justo ese es el gran reto de la actual movilidad social para encontrar las condiciones de la articulación nacional.

Hay diversos estudios y análisis que argumentan que no sólo tenemos un Estado fallido, sino que nos encontramos frente a una auténtica “crisis humanitaria” como resultado de una fusión entre el Estado y la delincuencia organizada, un narcoestado, el Estado en su conjunto ha sido infiltrado en sus distintos órdenes de gobierno y división de poderes por la delincuencia organizada, por la corrupción económica, política y por la impunidad de las mayores dimensiones.

La pobreza, la indigencia, la falta de empleo y de oportunidades de todo tipo han generado altos niveles de exclusión social y económica, en conjunto son importantes factores del incremento de la violencia y criminalidad, el Coneval nos dice que en México viven 53.3 millones de pobres, de los cuales 11.3 millones en pobreza extrema; la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de la que México es miembro, lo ubica en primer lugar en desigualdad en ingreso per cápita, estos escenarios frente a la inaceptable concentración de la riqueza en un diez por ciento de la población nacional.

No hay otra explicación, la situación social, económica y política de México, es resultado de las decisiones de la llamada “clase política nacional”, una élite extremadamente privilegiada que establece los límites del ejercicio del poder, una minoría que decide dónde hay castigos y en dónde impunidad, dónde hay beneficios y quiénes son los sacrificados.

A dos años del gobierno de Peña Nieto, el cuadro político del país se le ha descompuesto drásticamente, cuando hasta hace poco tiempo con voz triunfante ante la aprobación de las once “reformas estratégicas de México”, aseguraba ante el beneplácito de los neoliberales del mundo, que el 2015 sería el año de la operación práctica de las reformas legislativa aprobadas, por lo visto no lo será, menuda coyuntura electoral intermedia nos espera, todo puede suceder.

El Estado mexicano está desconcertado, reacciona tardíamente y cuando reacciona a tiempo comete evidentes errores, de ahí que la “crisis del Estado mexicano” sea parte importante de la Agenda Política Nacional, Lorenzo Meyer comenta que en estos días hay un severo cuestionamiento a la cultura política de concentración del poder, que no se limita al sólo ejercicio del poder mismo, sino que además no lo redistribuye a la sociedad y que obstaculiza el cambio y la inclusión social.

Resulta más que necesario que en la sociedad en su conjunto se desate un gran debate nacional, sobre todo en los espacios ciudadanos que fuerce literalmente a la clase política a la reforma del Estado mexicano en otra lógica muy distinta a la que nos ha encaminado Peña Nieto y los grupos de poder que lo llevaron a la Presidencia de México.

No debemos permitir que se criminalice, manipule y se reprima a la esperanzadora movilización social y disposición en forma creciente y ciudadana a luchar por esos cambios; debemos impulsar acciones que frenen el intento autoritario de Peña Nieto del reforzamiento del poder centralista de la Federación por encima de los poderes locales y ciudadanos.

Los problemas que aquejan a nuestro país tienen raíces estructurales complejas y suponen una crisis institucional profunda del Estado mexicano, que exige un rediseño de su arquitectura política, no debemos permitir que se criminalice a los municipios en lo particular, cuando es el orden de gobierno más sacrificado por las políticas neoliberales de los últimos sexenios, en la presente gestión gubernamental a través de una serie de políticas públicas por demás centralistas y centralizadoras, que sólo van orientadas al reforzamiento del poder federal y del Estado de Derecha.

El paquete de reformas constitucionales recientemente propuestas por Peña Nieto al Congreso de la Unión, tienen el objetivo de contener legislativamente el hartazgo, la inconformidad, el coraje e insurgencia ciudadana, la propuesta de Ley Contra la Infiltración del Crimen Organizado en las Autoridades Municipales es a todas luces arbitraria, que va en el sentido contrario de la rueda de la historia moderna y democrática, de descentralización y fortalecimiento en beneficio de los poderes locales y ciudadanos, es evidente la falta de visión y talento político del equipo político de Peña Nieto.

La propuesta de mando único estatal policiaco sólo va a fortalecer el sistema represivo en contra de los ciudadanos y su capacidad de movilización e incidencia en el nuevo rumbo del país, el Ejército seguirá en las calles realizando funciones distintas a las otorgadas constitucionalmente, agentes policiacos y militares vestidos de civiles por doquier.

En lo inmediato, el ciudadano común y corriente debemos participar en las acciones públicas de indignación, paros, marchas, informarnos, discutir en familia en el trabajo, escuela y en todos los espacios donde nos sea posible, redes sociales, así como cooperar económicamente o en especie para apoyar las acciones públicas de rechazo e indignación, son sin duda un camino viable y necesario.

El reto de un nuevo despertar ciudadano, en la medida que no esperamos nada por el momento de los partidos políticos, es transitar de la pasividad, de la rabia e impotencia a las propuestas y acciones que transformen la configuración de un nuevo proyecto de país, nación, sociedad e individuos, como lo asegura el sociólogo español Manuel Castells, acciones que den poder a quienes nunca lo han tenido, para así dignificar y resignificar sus vidas, acciones sociales y proyectos de nuevos cambios y esperanzas.

http://www.cambiodemichoacan.com.mx/editorial-10900

 

{
}
{
}

Deja tu comentario Peña Nieto y el reforzamiento del Estado de Derecha

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre